Necesito un héroe… Twenty Century Boys, volumen 2

“Necesito un héroe, estoy esperando a un héroe hasta el final de la noche
Tiene que ser fuerte, tiene que ser rápido
Y tiene que estar recién salido de una pelea”

-Bonnie Tyler, I need a Hero


Mientras el culto de Amigo crece, las muertes causadas por la misteriosa enfermedad sangrienta aumentan, y varias personas más desaparecen, Kenji tiene cosas más importantes en la mente como es el mantener contento al encargado local de su franquicia, King Mart, darle de comer a Kanna, y no dejar que su madre se coma las existencias de la tienda.

Pero el universo parece no estar de acuerdo con él, ya que a cada momento la vida le recuerda sus sueños de infancia, y como se conecta ese juego inocente de su niñez con los eventos del presente.

Por si fuera poco, entran nuevos jugadores en la escena: Manjoume Inshuu, el abogado-representante de la organización de Amigo, quien asegura que los nombres no son necesarios para expresar una idea; Chou-san, el detective a punto de retirarse que, fiel a su trabajo, no deja de investigar la conexión entre Amigo y Kenji, llegando a una serie de conclusiones bastante asombrosas; Yukiji, vieja amiga de Kenji, quien no parece estar muy contenta de ver cómo ha cambiado el tiempo a su viejo compañero de juegos; y “Dios”, un vagabundo, así apodado por sus compañeros que viven bajo el puente, y quien tiene sueños proféticos del futuro, donde una terrible sombra cubre Tokio.

El segundo tomo de 20th Century Boys, subtitulado “El profeta” para los que llevan la cuenta en casa, nos lleva de la manita a través de sólo dos épocas bastante claras, 1973 y 1993, al mismo tiempo que intenta darnos pistas sobre la resolución del misterio sin darnos ninguna solución accidentalmente.

Por supuesto, en este caso, también podríamos analizar los Cuando, los Donde y los Quienes, pero bueno, Cuando y Donde siguen siendo los mismos que la vez anterior. Sin embargo, si Urasawa repitiera lo mismo que hizo en los 11 capítulos del primer volumen, la cosa se volvería aburrida. Y aquí, justamente porque Urasawa comienza a movernos el tapete, agregaremos el análisis de el papel que cada Quien tiene en la historia.

¿Dónde? v. 2.0

Si, el dónde sigue siendo Japón, y los escenarios siguen siendo tan detallados como siempre, pero aquí vemos dos nuevos agregados: El puente bajo el que vive Dios, que es casi una mini ciudad creada a base de cajas de cartón, cobijas y similares que es una imagen tristemente universal. Una imagen que nos marca una pobreza aún mayor que la de Donkey y qué hace un contraste muy interesante con los grandes temores de la madre de Kenji, y Kenji mismo; de hecho, es prácticamente la imagen perfecta de por qué Kenji no comienza a actuar en contra de Amigo: tiene miedo de terminar como Dios y los vagabundos, de que King Mart le quite lo poco que le queda, y de no poder seguir cuidando a Kanna.

Ahora, por primera vez en la historia, comenzamos a ver a Japón geográficamente con respecto a otros países, por lo menos en la mente de los personajes. El que Otcho se fuera ya nos lo habían dicho en el volumen anterior. Pero ahora nos dicen que se fue nada menos que al Tibet. Un lugar conocido por que si uno quiere aprender sobre sí mismo, alejado de todos. De hecho, vemos en un flashback la imagen de Otcho, sin cabello, dándole la espalda al lector, en la India. Lo más importante de todo, es que, a diferencia del Japón civilizado o incluso de la pobreza extrema de Dios y sus vagabundos, aquí vemos apenas unos cuantos puestos, como de turistas. Un bazar, y una absoluta expresión de soledad a pesar de que no podemos verle el rostro.

Finalmente, otra cosa importante del uso de la locación de Urasawa es que también vemos la diferencia entre la imagen del mundo que tienen los adultos, que, en ocasiones, ven el extranjero como una forma de escape, y los niños, quienes en definitiva no tienen una verdadera escala de lo que significa el vivir fuera de Japón. Esto, en particular, es notorio cuando descubrimos como Kenji decidió los lugares que los extraterrestres atacarían en su juego (y, por ende, los primeros ataques de Amigo). San Francisco y Londres no son elegidos por ser respectivamente el lugar donde nació el movimiento hippie, y el lugar de donde provienen los Beatles. No. Es porque son las dos ciudades que Kenji conocía de niño… por los nombres de un café y un bar local.

¿Cuándo? v.2.0

Aquí él cuando toma una posición algo extraña ya que por un lado sigue siendo el mismo marco del volumen anterior (El pasado de Kenji, en 1969, y su presente en 1997). Sin embargo, la situación aquí es ver realmente como el paso de los años le ha pegado a Kenji de manera desfavorable.

El primer elemento de esto lo vemos en Yukiji, que aún es la chica más fuerte del mundo para el grupo de amigos, y quien recuerda con claridad cuando Kenji, a pesar del peligro, era literalmente su príncipe shojo, listo para rescatar a la doncella cuando esta lo necesitaba. Porque en su juventud, posiblemente gracias a la influencia de muchos mangas shonen que leía, Kenji estaba convencido de que podía ser un héroe, que hacer lo correcto, sin importar las consecuencias personales, era la obligación de cada persona.

El Kenji del presente, por otro lado, tiene responsabilidades. Y es Yukiji la primera que cae en cuenta de esto, cuando Kenji no va a la reunión de familias víctimas de Amigo. Su héroe de la infancia le falla, porque ya no es un héroe. Pide perdón, le da pretextos, pero al final, el resultado es sencillo: es una persona de carne y hueso, que no puede ser convertida en un ideal nada más por su pasado.

Esto es algo muy importante, ya que señala la clara diferencia entre lo que un niño espera de su futuro, y lo que ese futuro verdaderamente conlleva (Un tema recurrente dentro de 20th Century Boys, como lo veremos en futuros episodios, con otros personajes), pero, más importante aún, la misma diferencia de expectativas de la gente a su alrededor. Kenji, de niño, siempre fue optimista y listo para enfrentarse a cualquier problema sin dudar. Kenji, de adulto, es temeroso de las consecuencias, y piensa en sus seres queridos antes de embarcarse en cualquier cosa. Y sí, eso puede también reflejarse en la cultura de cada uno de los años: A finales de los sesentas, el mundo era optimista ante el futuro, listo a literalmente conquistar el espacio, mientras que, en los noventas, y tras salir de no una sino tres crisis financieras, todos estaban más temerosos de lo que el futuro podía traer (Algo que, sin duda, también podríamos ver con personajes nacidos en los 80′s, ante su situación actual en los 2000′s)

¿Quiénes? v. 2.0

Y una vez más, llegamos al meollo de las historias de Urasawa, y los personajes principales. Personajes que, a su vez, nos ayudan a recordar el tema principal del volumen (que, en esta ocasión, son los héroes).

  Yukiji es la única mujer del grupo, y por tanto, tiene bastante importancia narrativamente hablando. En el volumen anterior, sabíamos que los demás le tenían un gran respeto, y en este es ella quien comienza a demostrar cuál es el tema central. De niña, nos dice, no le gustaba el manga Shojo, porque este mentía: no hay príncipes encantados que vengan a salvar a las chicas enamoradas. Excepto que, de niña consideraba a Kenji su héroe, debido a que una vez él la salvó de los terribles gemelos Manbo y Janbo, apareciendo justo en el último momento (A pesar de qué Kenji les tenía pavor y que usualmente era ella quien lo salvaba a él). Al crecer, Yukiji trata de olvidarse de esos sueños de niña, pero aún así, es imposible no ver como se le rompe el corazón cuando Kenji no aparece en la junta de familiares de víctimas del culto de Amigo. A partir de ese momento, la actitud de Yukiji hacia Kenji cambia, volviéndose más fría, y donde antes parecía que esperaba que Kenji hiciera algo para seguir su ejemplo, ahora es ella quien está tomando las riendas de su propia investigación, comenzando por tratar de localizar al creador del símbolo de Amigo: Otcho. Esto por supuesto, nos hace suponer que Yukiji se volverá algo más que el simple interés romántico de Kenji -papel que seguramente tendría si este manga fuera una historia como las que Kenji leía de niños- justamente por su negativa de seguir contando con Kenji. Al separarse del papel de la dama a ser rescatada, nos preguntamos ¿Qué va a hacer si no es seguir a Kenji? Pero ella no necesita un héroe, lo que necesita, es seguir adelante con su trabajo.  
  Manjoume Inshuu es un personaje nuevo, que no había aparecido en el volumen anterior, y es, para todos los propositos, la cara pública del culto de Amigo. Por supuesto, Manjoume nunca se refiere al grupo como Culto, siempre se refiere al mismo como ‘Organización’. A pesar de que sabemos que no es Amigo, su apariencia automáticamente nos pone en contra de su persona. Habla exclusivamente con ideas pseudofilosóficas, como un charlatán tan común en los 80′s, sin embargo, lo dice de forma tan, pero tan convincente, qué es fácil creer como es que alguien puede creerle. Un ejemplo es su negativa para decir el nombre de la organización. ¿Por qué necesitamos un nombre? Pregunta en lugar de responder, y, al ser presionado para revelar la identidad de amigo, su respuesta es “Amigo es Amigo”, “Un hombre que tiene una gran Amistad”*. Todo esto se ata a la extraña filosofía del culto, que hace que sea medianamente incomprensible para los externos. Y sin embargo, su papel es mucho más siniestro, ya que, capítulos más tarde en el mismo volumen descubrimos que en realidad ha estado siguiendo la vida de Kenji, por ordenes de Amigo, desde antes de que la hermana de Kenji desapareciera, y que, así como se encarga de la cara pública de la organización, también es quien dirige la forma en que se eliminan los obstáculos tanto materiales como personales, como, por ejemplo, la muerte de Donkey… y varios más.  
  Finalmente en este volumen es cuando conocemos a Kiriko, la hermana de Kenji, tanto en el pasado, durante la niñez de Kenji, a lo largo de su vida juntos, y hasta poco antes de que desapareciera. Kiriko es un personaje curioso, justamente porque casi todo lo que sabemos es exclusivamente desde el punto de vista de Kenji. Kiriko le salvó la vida a su hermano en varias ocasiones: de niño, al sacarlo de un rio dos veces (Aparentemente, Kenji tenía la mala costumbre de terminar en el agua), antes de nacer, al convencer a su madre de que no abortara, y, finalmente, al estar a su lado en el hospital cuando Kenji tuvo un accidente en su motocicleta. Para que Kenji pudiera seguir sus sueños, Kiriko abandono los propios, incluyendo el trabajar como microbióloga. Es por ello que Kenji siente que debe cuidar a Kanna. El dejar a su hija con él fue la única acción egoísta de Kiriko. Mientras busca papeles en su cuarto, Kenji descubre una carta de un viejo pretendiente de Kiriko, quien murió poco después de que Kiriko rechazó su propuesta matrimonial. Y es entonces cuando Kenji descubre otra cosa más impactante: Kiriko recibió una carta, escrita a mano, con el mismo símbolo de Amigo.  
  Villano. Ok, aqui tengo un problema, porque este personaje es medianamente importante conectando a la hermana de Kenji con Amigo, y con el desaparecido profesor Shikishima (¿Se acuerdan de él? Su desaparición inició todo este problema). Sin embargo, es tan incidental en el panorama general de las cosas que pues, no tiene nombre. Y sin embargo, ayuda al tema central del volumen, sobre los héroes ya que él asegura que ser un héroe, como en los mangas, es estúpido. Lo que él quiere, es ser un villano, porque en la vida real, los villanos ganan y luchar por la justicia es un juego infantil. Es, en pocas palabras, el anti-Kenji. Y no sólo fue quien se encargó de eliminar al pretendiente de Kiriko, por ordenes de Manjume para “Hacer felíz a Amigo” y cumplir su sueño infantil; también sedujo a la hija del profesor Shikishima, quien, finalmente, sabemos que se dedica a trabajar en ciencias robóticas. Así mismo, su presencia nos indica que la agrupación de Amigo es mucho más vieja de lo que pensábamos antes, y que el asesinato siempre ha estado entre sus herramientas de trabajo. Por último, donde Kenji no es digamos, feo, Villano es lo más cercano que Urasawa ha dibujado a un bishonen sin hacer que el chico en cuestión parezca chica (Ese premio le toca a Epsilon, en Pluto). Aunado a su papel en la seducción de la chica Shikishima, y a la acertada observación de Yukiji sobre los héroes del shojo, no puedo evitar pensar que sí, es un comentario de Urasawa sobre los héroes del manga shonen, que en muchas ocasiones, no tienen una motivación real, y pueden verse como idealistas estúpidos en nuestra sociedad más cínica.  
  Chou-san es otro personaje secundario que toma protagonismo por el volumen. Es un detective que esta a una semana de su retiro, a dos días del cumpleaños de su sobrino, y que está investigando la desaparición de Shikishima como su último caso. Si todo esto les suena a que no vamos a tener a Chou-san entre nosotros por mucho tiempo, tienen toda la razón, ya que para este personaje Urasawa sacó todos y cada uno de los clichés de los policías heroicos de las películas de acción y los puso en acción en un capitulo de 37 páginas que, honestamente, te pega en el estomago como patada de mula, porque demuestra la verdadera capacidad de Urasawa de crear personajes por los que vas a llorar incluso sí sólo lo conocemos por cinco minutos. Las 37 páginas son el día del cumpleaños de su nieto y, tras comprar un “Peekaboo” de regalo, se cruza con Yama-san, su compañero de trabajo. Chou-san decide hablar con él y revelar toda su investigación. Sí. Toda. En el volumen 2 de una serie de más de 20 volúmenes, un personaje secundario tras bambalinas descubrió todos y cada uno de los misterios de Amigo, incluyendo su identidad -que el narrador no nos revela. Lo siguió desde su infancia, como compañero de Kenji, por sus intentos de encontrar ‘espiritualidad’ en diferentes lugares y finalmente, creando su culto. Obviamente, tiene que morir. Sólo que la manera en qué llega su muerte es bastante reveladora, ya que es a manos del mismo Yama-san, quien lo infecta con el virus sangriento. Al morir, Chou-san no sólo nos demuestra lo que ocurre con los verdaderos héroes que sacrifican todo por la verdad, sino que, de paso, nos muestra lo profundo que han llegado las ramas del culto de Amigo.  
  Amigo. Es curioso, pero Amigo casi brilla por su ausencia en este tomo, y sin embargo, gracias a la investigación de Chou-san sabemos mucho más de él que antes, particularmente del hecho de que formo parte de varias sectas. En particular de una identificada como “Un cierto grupo religioso” quienes caen bastante dentro de la imagen estereotípica de un culto. Y en ambos lugares, lo describen como una persona solitaria, perdida, e incluso, iluso. Lo cual es curioso, dado que es el mismo hombre que, en una escena algo escalofriante, le anuncia a sus discípulos que lo que el busca, su sueño que puede lograr con ayuda del cosmos es “Dominar al mundo”.* Una cosa más importante aún es que, con todo y la información extra, para nosotros Amigo sigue siendo un misterio. En realidad no sabemos más que parte de lo que le dice a sus seguidores, partes que para nosotros obviamente son una locura, pero que, aparentemente en contexto logra que personas perfectamente cuerdas acepten la idea sin chistar.  
  Dios. Uno podría pensar que en una historia que habla sobre cultos alguien que responde al nombre de “Dios” no puede ser muy confiable. Sin embargo, este nuevo personaje parece más bien estar de lado de Kenji y en ningún momento asegura ser el ser supremo: de hecho, aún cuando contesta ante el mote en realidad insiste en que no, no es dios. Es un personaje muy curioso ya que sus seguidores, un conjunto de vagabundos que viven con él bajo un puente no muy lejos de la tienda de Kenji, aseguran que tiene el poder de ver el futuro. Pero donde la primera vez que lo vemos usar dicho poder más bien parece ser un viejo obsesionado con sus viejas glorias -en un curioso paralelo con Amigo, sólo que Dios tiene por particular obsesión el juego del boliche, en lugar de un juego infantil- la segunda vez Urasawa si se sale del ultrarealismo que ha estado manejando hasta ahora para darnos un sueño premonitor hecho y derecho. Dios, en este momento, se vuelve el contraste de amigo, a diferencia de Kenji. Es una persona con poderes reales, con seguidores fieles… y que sin embargo no busca el poder o la admiración de nadie, lo único que quiere, es que regrese el boliche y vivir en paz. Más importante aún, nos dice claramente lo mismo que Yukiji dijo antes: Kenji no está listo, y no es un héroe.  
  Otcho. En este volumen también vemos a Otcho como adulto por primera vez, aunque al igual que Amigo, no vemos su rostro. Y dónde Otcho adulto es un misterio, el Otcho niño nos revela más de la historia, principalmente que la mayoría de las ideas que hasta ahora le podíamos adjudicar a Kenji en realidad surgieron de Otcho, siendo la más preocupante el que, a la tierna edad de 10 años, Otcho ya había decidido que la mejor manera en que alguien podía causar gran terror alrededor del mundo era con armas biológicas. En estos recuerdos, vemos que Otcho se perfila un poco como el opuesto de Kenji: El segundo busca salvar al mundo en su juego, pero Otcho es quien saca la pregunta que todo niño se hace en algún momento, y que la fuerte popularidad de los villanos demuestra: ¿No es más divertido ser uno de los chicos malos?  
  Kenji. Si el primer volumen nos presentó a un niño idealista, capaz de hacer todo por salvar al mundo, y a un adulto con ética que bien podría levantarse para hacer lo correcto sin importar las consecuencias, este segundo volumen se encarga de destruir dicha imagen. Kenji intenta, por todos los medios, alejarse del conflicto creado por el culto de Amigo: no es su problema, no es su responsabilidad. El tiene su trabajo, y es necesario cuidar a Kanna, y a la tienda, y por tanto, no puede involucrarse. Kenji no es un héroe, es un hombre japonés común y corriente que sólo desea seguir su vida sin hacer olas. Sus sueños han sido olvidados, aplastados por la simple y constante realidad de la vida japonesa. Pero dicha “inocencia”, si queremos llamarla así, no puede durar para siempre. Gracias a la intervención de Dios y los vagabundos, Kenji se ve forzado a admitir que tiene cierta responsabilidad sobre la creación de Amigo. Dado que no fue el único, es obvio para él que Ochiai Nagaharu, Otcho, tiene que ser Amigo. Y es ahora cuando debe levantarse y decidir si toma el papel del héroe, o simplemente sigue su vida sin preocuparse de los asuntos de otros.  

El volumen 2 es un contraste directo al volumen 1. Donde el primero nos presenta a Kenji como un héroe casi típico del manga, ahora nos deconstruye no sólo la personalidad de Kenji sino también la idea de los héroes de los mangas shonen y shojo. Como dijo la misma Yukiji “Un héroe no se disculpa”. Pero también, no culpa mucho a Kenji, desde el punto de vista de la sociedad japonesa. Un héroe, en realidad, no tiene más responsabilidades que su misión: no tiene que preocuparse por un trabajo, por una familia. Kenji, por otro lado, tiene a su madre, a Kanna, y la tienda. Y entonces aquí nos podemos preguntar ¿A quién está criticando Urasawa? ¿A la idealización del héroe como ser perfecto al que debemos aspirar, o a la sociedad que, por si misma, impide que surjan héroes?

Pues eso lo empezaremos a ver en el volúmen 3…

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